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Foto: OMM
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Según sus últimas previsiones, existe una probabilidad cercana al 100% que el fenómeno persista hasta febrero de 2027.

La Organización Meteorológica Mundial (OMM) ha confirmado que el actual episodio de El Niño está plenamente consolidado y continuará ganando intensidad durante los próximos meses. Se prevé que el episodio alcance una intensidad muy fuerte antes de tocar techo hacia finales de 2026, impulsado por unas aguas excepcionalmente cálidas en el Pacífico tropical. La OMM advierte de que un evento de estas características puede modificar de forma importante los patrones de temperatura y precipitaciones en diferentes partes del planeta.

Señala la OMM que desde mediados de agosto se mantienen y refuerzan las anomalías positivas de la temperatura superficial del mar en el Pacífico ecuatorial central y oriental. Esa evolución confirma la consolidación de El Niño.

La OMM subraya que la intensidad de El Niño puede alterar de manera significativa la distribución de las lluvias y las temperaturas. También puede aumentar el riesgo de determinados episodios meteorológicos extremos, aunque la intensidad del fenómeno no permite anticipar por sí sola la magnitud de sus efectos en cada región.

El impacto tampoco será uniforme. Este patrón climático suele favorecer lluvias más abundantes e inundaciones en algunas zonas de América del Sur, África oriental y el sur de Estados Unidos. En cambio, puede asociarse a condiciones más secas en Australia, Indonesia, el sur de África y algunas áreas del sur de Asia.

La propia OMM recuerda además que no existen indicios de que el cambio climático esté aumentando la frecuencia o la intensidad de los episodios de El Niño. Sin embargo, el calentamiento de la atmósfera y de los océanos puede amplificar algunos de sus impactos, especialmente las olas de calor y las lluvias intensas.

Qué es El Niño y por qué altera el clima mundial

El Niño es la fase cálida del fenómeno natural conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENOS). Se caracteriza por temperaturas anormalmente elevadas en las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial central y oriental, acompañadas de cambios en la circulación atmosférica. Su fase opuesta es La Niña, vinculada a un enfriamiento de esas mismas aguas.

La transición entre ambas fases se produce de forma irregular, normalmente cada dos a siete años. Los episodios de El Niño suelen comenzar a desarrollarse entre marzo y junio y alcanzan habitualmente su máximo entre noviembre y febrero. Pueden prolongarse hasta unos 18 meses.

El calentamiento del Pacífico modifica la circulación de los vientos y condiciona la distribución de las precipitaciones y las temperaturas a gran escala. Por ello, sus consecuencias pueden sentirse a miles de kilómetros del océano donde se origina, aunque varían según la intensidad, duración y época del año en la que se produzca cada episodio.

La OMM no espera un retorno a condiciones neutrales del ENOS ni una reinstauración de La Niña dentro del periodo analizado. Sus modelos apuntan, por el contrario, a un fortalecimiento progresivo durante los próximos meses.

Bogotá, D. C, 7 de septiembre de 2026

Fuente: OMM