El primer trimestre de Abelardo de la Espriella podría resumirse así: se argentiniza en lo económico, se salvadoriza en seguridad y se norteamericaniza en política exterior
Bogotá, D. C, 31 de octubre 2026
Por: HUBERT ARIZA*. - Al cumplir casi 90 días de Gobierno, el presidente Abelardo de la Espriella, de la nueva derecha, ha puesto a la máxima potencia la motosierra de recortes y ajustes económicos que en otros países ha significado el desmonte del Estado, la eliminación de subsidios, privatización de servicios, educación y salud, congelamiento de pensiones, arrinconamiento de los más débiles y beneficios a los más fuertes.
Con el nombre de “rescate económico”, se busca imponer sin anestesia, en el Congreso de la República, un proyecto de ley de ajuste fiscal sin precedentes, usando la misma motosierra que popularizó, en Argentina, Javier Milei, quien forzó drásticos recortes que mantienen a ese país con graves signos de deterioro social.
El resumen del Gobierno nacional, en su primer trimestre, podría graficarse así: se argentiniza en lo económico, se salvadoriza en seguridad, se norteamericaniza en política exterior y lucha contra las drogas, mientras profundiza la polarización y acelera en la búsqueda del poder en las elecciones territoriales de 2027.
El presidente vestido en traje de uso militar, pistola al cinto, persiguiendo ladrones, atracadores y consumidores de alucinógenos, en el barrio San Bernardo de Bogotá, o caminando entre milicianos de las disidencias de las FARC o líderes de los paramilitares de Santa Marta abatidos, empaquetados en bolsas blancas, dando órdenes a medianoche por un radio, busca imponer una estética de hombre duro con la delincuencia en un país en guerra. Un mensaje al mundo que ha espantado el turismo y dejado a la industria en playa baja, con sus nefastas consecuencias socioeconómicas.
El presidente que se enfrasca en peleas verbales con ladronzuelos en una zona roja a escasas cinco cuadras del palacio presidencial, es el mismo que ordena recortar el Estado, no renovar en 2027 más de 260.000 contratos de servicio, devolverle el millonario negocio de los pasaportes a la multinacional Thomas Greg & Sons, reprimir a quienes incumplan la nueva ley de protesta social y castigar a quienes desde la prensa cuestionen la recuperación de las zonas afectadas por el terremoto, del que ya poco hablan los medios, y cuyas víctimas han quedado a su suerte en decenas de municipios.
El collage político de hoy no es una obra de arte, sino una foto de un momento de transición de un Gobierno de izquierda a uno de la nueva derecha, en el que se busca de manera acelerada borrar todas las reformas de Petro, acabar con el proceso de paz con las FARC —que hizo el presidente Juan Manuel Santos—, eliminar la JEP, reescribir la historia e imponer una nueva cultura, blanqueando paredes y bajando cuadros en los museos, y volver las escuelas epicentro de una contrarrevolución cultural, anclada en las creencias de fanáticos religiosos, como el exprocurador Alejandro Ordoñez.
La economía y el manejo del orden público son el epicentro de una intentona por transformar a Colombia, uniformar el pensamiento y callar la oposición.
Con un crédito condicionado del Fondo Monetario Internacional, un ajuste fiscal que impactará a la clase media, los trabajadores y a los consumidores, lo que viene es una época de enorme incertidumbre, desestimulo a la inversión, elevación de la canasta familiar, escasez, desempleo y reducción de la demanda.
¿Qué puede salir mal? Por poco menos, en el Gobierno de Iván Duque, se dio el estallido social, sin que existiera entonces en las calles un expresidente de izquierda levantando las banderas de la justicia social y la defensa de reformas sociales, evaporadas en casi tres meses de Gobierno de derecha.
Enorme responsabilidad tiene el Congreso de la República en el debate del proyecto de ajuste fiscal. Lo que allí se decida marcará el rumbo de la política y le dará banderas a la oposición para mantener cohesionados a los 13 millones de votantes logrados en 2022.
El presidente Abelardo ganó por una pírrica diferencia de 250.000 votos. Hay 13 millones de colombianos que no creen en sus políticas y que acumulan razones para mantenerse escépticos de la patria milagro que se promete. Además, muchos de quienes sufren ya los efectos de las decisiones económicas y políticas del Tigre, votaron emocionados por las tesis del nuevo Gobierno, convencidos de que derrotar a Petro era sinónimo de bienestar inmediato.
Los efectos del ajuste fiscal marcarán el rumbo de la política y abrirán un campo de acción en el que la izquierda es experta. La calle se convertirá en el lugar donde se oirá con fuerza el rechazo a las nuevas medidas, y donde se construirá la campaña de 2027 por alcaldías y gobernaciones, y por la Presidencia en 2030.
No es solo cazando ladrones en la carrera décima como el presidente recuperará la imagen perdida en los primeros meses de Gobierno. Sino demostrando que sí es capaz de recuperar los municipios golpeados por el terremoto, destruir la economía de la ilegalidad, imponer una agenda de transparencia que elimine el nepotismo y el amiguismo, y perseguir a los clanes políticos por igual, incluidos los que votaron por él.
En esa carrera, por el 2027 y el 2030, la derecha ha enfilado baterías contra Petro, utilizando la narrativa de depredador sexual y corrupto, buscando argumentos para abrir un expediente sólido que lo lleve a una cárcel en Estados Unidos. Hasta ahora solo hay rumores y pocas pruebas. La decisión es sacarlo del camino para que su voz no sea decisiva en la conquista del poder regional, ni en la oposición al Gobierno nacional.
La pregunta para la izquierda es quién es capaz de reemplazar a Petro en caso de que no esté en el frente de batalla. Hasta ahora, Iván Cepeda no aparece como el hombre capaz de liderar la oposición, ni las elecciones de 2030. Cepeda ha sido convertido por sectores de la propia izquierda en el culpable de la derrota. Su tipo de liderazgo ya no convence. Su estilo ya produce hastío.
La coyuntura necesita una izquierda unida y un liderazgo fuerte, limpio de expedientes y con muchos dientes, capaz de ofrecer una alternativa de futuro. Quizá sea el momento de Carolina Corcho, pero su nombre genera repulsión entre los petristas más fanáticos. ¿Entonces, quién?
En conclusión, el Gobierno ha presentado un proyecto de ajuste fiscal que produce cuestionamientos, genera dudas y le da banderas a la izquierda. Por menos casi tumban a Duque durante el estallido social. La pandemia del covid-19 calmó las aguas, porque encerró a los colombianos en sus casas.
Aunque el Gobierno aún goza de luna de miel con los grandes medios de comunicación y grupos económicos, la iniciativa puede encender un país que no le teme a la represión del Estado, con una sociedad civil más madura que creció en los cuatro años del pasado Gobierno. El Congreso tiene una enorme responsabilidad. La motosierra de Milei mutiló a Argentina; en Colombia, es símbolo de violencia y falsos positivos. Quien levante la motosierra será lapidado.
Ese proyecto de ley será la prueba de fuego del ministro del Interior, Alejandro Ordóñez. El Gobierno necesitará mucho manejo político y capacidad de seducción de sectores que pagarán la factura cuando lleguen las elecciones locales y la renovación del Congreso.
El rescate económico puede ser el final de la luna de miel del Tigre con quienes creyeron que podían ponerle la raya. Las encuestas mostrarán el costo de usar armas de destrucción masiva de empleos y derechos de los más débiles. Mientras la patria milagro se pone firme con el FMI, las calles hablarán cada día más fuerte. La política hoy sufre de hiperinflación de miedo y déficit de esperanza.
*Periodista, internacionalista y analista político.
Tomado de El País.