Opinión
Por Gabriel Ortiz.-Las encuestas se han convertido en el “coco” de políticos y gobernantes, también de algunos medios de comunicación. De un tiempo para acá, las encuestas sobre favorabilidad del Presidente Santos, han ido cayendo, lo mismo que las acciones de su gobierno. Según las mediciones, se está deteriorando aceleradamente. Unas lo sitúan por los lados del 34 por ciento (CNC), otras menos optimistas (Gallup) lo bajan al 24%. Y hay otras más, que tampoco coinciden.
Esa la razón para que, el uribismo se avispara y convocara una marcha para el 2 de abril y esperaba que el país entero desfilara para pedirle al presidente desde la renuncia, hasta la eliminación del proceso de paz.
El Senador Uribe, su candidato de bolsillo, Oscar Iván y sus huestes, infestaron las redes sociales y con toda suerte de apelativos, llamaban a los colombianos a desfilar. El ideólogo José Obdulio Gaviria estimó que ocho millones saldrían a la calle.
Según dicen, hubo plata a la lata para estimular a las gentes, y en algunas partes amenazas, según dijeron en su oportunidad las autoridades.
La expectativa era general, pues la efervescencia daba a entender, según las encuestas, que todo el país –o por lo menos los seguidores que tiene el uribismo- saldrían a marchar para presionar al gobierno. Los no participantes, no lo harían por estar “enmermelados” o ser apátridas y bandidos.
Vino el esperado 2 de abril. Hábilmente se empezaron a dar a conocer, por internet, las “nutridas” manifestaciones captadas con cámaras muy bien manejadas que abultaban la asistencia. Pero cuando empezaba a conocerse la realidad en Bogotá y Medellín, el cuadro se descolgó.
La policía calculó en 81.900 las personas que desfilaron en 26 ciudades. Ese estimativo desinfló el uribismo, porque como dicen los políticos, la encuesta es la del día en que se pronuncia la gente. Los anunciados 8 millones quedaron en nada. El Centro Democrático pierde credibilidad, no son tantos, o no obedecen al jefe; o Santos no está como dicen las encuestas. A propósito: ¿cuantos serán hoy los uribistas? La encuesta del 2 dijo otra cosa.
BLANCO: Se avecina la reparación de Guatapé. Aceleradamente la ejemplar EPM, trabaja para superar los daños que la dejaron por fuera. Fue un caso fortuito, no falta de mantenimiento.
NEGRO: Cuidado: nos están preparando para nuevas alzas en la energía. Y la Creg ahí.
Por José Gregorio Hernández.- En los asuntos relativos a la paz, que, como proclama el artículo 22 de la Constitución, es un derecho y a la vez un deber de todos, las cosas tienen que ser analizadas con objetividad y con mesura, sin caer en excesos. Lo correcto es apoyar los procesos, sin perjuicio de la sana crítica.
Como lo dijimos en su momento respecto a las Farc, es indudable la importancia que tiene la decisión gubernamental de entrar en conversaciones de paz con el Ejército de Liberación Nacional (Eln).
Desde luego, pensamos que el Presidente de la República ha debido insistir mucho más en las exigencias mínimas a la organización guerrillera, particularmente en lo que toca con los secuestros y con los ataques a la infraestructura energética del país. Por eso, habiendo afirmado el doctor Santos, de manera terminante, que no iniciaba las conversaciones sino sobre la base de la liberación de personas plagiadas, es cuando menos una contradicción -con la consecuente pérdida de autoridad- que el proceso haya principiado cuando la liberación de Ramón Cabrales fue pagada- es decir, hubo extorsión y no acto humanitario y cuando solamente después de iniciado el proceso, el Eln ha dejado libre a un miembro de la Fuerza Pública y al ex gobernador del Chocó.
No obstante, aún con todo eso, la noticia es buena para el país. Tenemos que llegar, por la vía del diálogo y la negociación política, a la terminación plena del conflicto. En tal sentido, es lo cierto, como ya lo habíamos expresado que la paz con las Farc, si se llega a un acuerdo final tras todos estos meses de negociación, no era suficiente. Es indispensable vincular al Eln, así sea como se ha divulgado dentro de un proceso distinto y con una metodología diferente.
En todo caso, no podemos hacernos la ilusión de que la paz está a la vuelta de la esquina. Se ha avanzado mucho, pero faltan varios puntos de acuerdo con las Farc y todos con el Eln.
El asunto, entonces, no es de meses sino de años, y para ello lo mejor es que los diálogos con los delegados del Eln tengan lugar cuanto antes, y que, como se señaló en el documento divulgado, sean ininterrumpidos y con una hoja de ruta seria y cumplida.
Por Jorge Gómez Pinilla. Tomado de El Espectador.-En este conflicto armado que amenaza con agravarse, tienen razón los que decían que convenía iniciar también conversaciones de paz con las fuerzas que representa Álvaro Uribe. A la par que se desmovilizan las FARC y el ELN asistimos a la consolidación de un movimiento guerrillero neoparamilitar, que se expande con la intención de remplazar a esos grupos y ocupar territorio, hacia el objetivo estratégico de recibir tratamiento político en un futuro.
Son tres las agrupaciones que en este escenario hacen sentir su accionar desde que ocurrió la supuesta desmovilización de las Autodefensas Unidas de Colombia: 1) Las Autodefensas Gaitanistas (AGC), que los medios identifican como el clan Úsuga o los Urabeños; 2) Los Rastrojos o Rondas Campesinas Populares (RCP), creados por Wilber Varela alias "Jabón"; y 3) Las Águilas Negras, que agrupan a los paramilitares que no quisieron desmovilizarse, entre ellos Vicente Castaño. Cada uno de estos grupos tiene presencia en 119, 76 y 39 municipios respectivamente, para un total de 234 municipios ‘influenciados’.
El paramilitarismo en Colombia no surgió por generación espontánea. Fue el resultado de una alianza entre empresarios y ganaderos que ponían la plata, mientras sectores militares de extrema derecha armaban, protegían y capacitaban a esos grupos para que hicieran el trabajo sucio de ejecutar masacres sobre cualquier vereda o pueblo del que se sospechara que apoyaba a guerrilleros, en función de lo que ellos llamaban “quitarle el agua al pez”. Eran acciones de corte terrorista, pues se trataba de sembrar el terror para cortar con baños de sangre cualquier posible vínculo anterior o futuro entre pobladores y guerrilla.
La verdad monda y lironda es que estos grupos no desaparecieron, porque el enemigo al que querían aplastar tampoco desapareció. Y en consideración a que podían requerir nuevamente de sus servicios (como viene ocurriendo), lo que hicieron fue disminuir el número de efectivos bajo la tramoya de una negociación en Ralito, pero se dejó intacta su capacidad bélica. Esta es precisamente la que hoy renace al son del paro armado que inmovilizó a 36 municipios de cinco departamentos (Córdoba, Sucre, Bolívar, Antioquia y Chocó) como antesala de la ‘celebración’ de la marcha uribista del pasado 2 de abril, a la que invitaron con panfletos intimidatorios tanto el clan Úsuga como Las Águilas Negras.
En este contexto es bien diciente lo que le dijo Uribe a Noticias RCN desde Medellín, la ciudad donde fue más concurrida la marcha: “Le dan impunidad a un grupo, aparece otro. Así Colombia no saldrá de la violencia, y nos ayuda a crear conciencia sobre el efecto destructor de la corrupción”. Luego, el mismo periodista-activista que encabezó su nota diciendo “es incalculable el número de personas que se sumaron a esta gran protesta nacional”, retomó las palabras de Uribe para señalar que “el paro armado en Colombia obedece a la corrupción que el gobierno ha ofrecido, impunidad que ha alimentado el poder de las estructuras criminales”. Y a continuación el reportero dio paso de nuevo a las palabras de Uribe, quien dijo casi lo mismo que segundos antes, como si quisiera recalcar el libreto en ese punto específico: “Cada que le dan impunidad a un grupo terrorista, surgen otros. Cuando se le da impunidad a un grupo narcoterrorista, los demás se sienten autorizados para escalar el delito”. Ojo: “autorizados”.
¿Y cuál creen que fue el titular que le encontró el noticiero que dirige Claudia Gurisatti? Un cuarto eco para la misma idea: "Cada que le dan impunidad a un grupo terrorista, surgen otros": Uribe durante marcha”. (Ver nota de RCN). No se requiere ser semiólogo para advertir que en esta reiteración semántica se aprecia un mensaje subliminal de justificación y apoyo, tanto al grupo organizador como al paro armado que había terminado el día anterior. Y hay además una amenaza intimidante, cuando el senador Uribe anuncia que “Colombia no saldrá de la violencia”.
Pero fijémonos sobre todo en la justificación, porque allí da a entender que si fue posible negociar con un grupo narcoterrorista de izquierda, igual se requerirá un día negociar con el grupo narcoterrorista de derecha que no solo patrocinó su marcha sino que puso especial empeño logístico en Córdoba, cuna del paramilitarismo en Colombia y sede de la hacienda El Ubérrimo, al ladito de Montería, paralizada 24 horas antes por ese reducto paramilitar del que el expresidente no se puede sentir orgulloso de haber desmovilizado, pero que tanto le ha ayudado a su proyecto desde la trastienda.
El gobierno de Juan Manuel Santos cometió un grave error cuando subestimó el tal paro armado y no militarizó la región para garantizar la movilidad de los ciudadanos, con lo cual le dio pólvora al uribismo, al capitalizar este a su favor la ausencia del Estado en tan crucial momento. La militarización de la vida civil se dio entonces desde la otra orilla, y a las Fuerzas Armadas se les vio asumir un papel omisivo, o cobarde, o… ¿de repliegue táctico?
Sea como fuere, estamos ante un fenómeno neoparamilitar que amenaza con crecer si no se le pone a tiempo su tatequieto, porque asume como propia la doctrina de la Seguridad Nacional que identifica en líderes populares y gente de izquierda al ‘enemigo interno’ que se debe destruir, como en efecto ha comenzado a ocurrir de nuevo. Ya el editorial de El Espectador del 2 de abril (Andan sueltos los jinetes de la muerte) alertaba sobre el alto número de “asesinatos selectivos de defensores de derechos humanos, activistas de tierras y en general líderes de izquierda afines al proceso de paz”, mientras el alto comisionado para los Derechos Humanos, Todd Howland, advertía que “casi la mitad de estas personas están relacionadas con el Partido Comunista, la Marcha Patriótica o la UP”. Demasiada coincidencia, sin duda.
El neoparamilitarismo llega con la consigna de sembrar zozobra, y esa zozobra le cae como anillo al dedo al propósito de las fuerzas oscuras interesadas en demostrar que nunca se debió negociar con los terroristas de izquierda, porque ellos, los terroristas de la derecha, persistirán en su propósito de aniquilar al enemigo desmovilizado, u obligarlo a regresar al monte.
Mejor dicho, bonito posconflicto el que nos espera con estos nuevos aliados del ‘guerrero’ Álvaro Uribe Vélez…
DE REMATE: El cubrimiento que hizo RCN Noticias de la marcha uribista fue vergonzoso: cambiaron el periodismo decente por el más impúdico proselitismo político. Le dedicaron la primera media hora a la marcha. La segunda noticia fue el anuncio del presidente Santos referido a que no habrá racionamiento. Duró dos minutos. Me apiado de los pobres periodistas a quienes obligan a hacer propaganda de exaltación al uribismo a cambio de vergonzosos sueldos.
Por Luis Fernando García Forero.- Los colombianos queremos un cambio. Un cambio completo y definitivo. Y no es un cambio de gobierno. Ya cada elección nos regala la oportunidad de elegir presidente, congresistas, concejales y demás representantes.
Los que aquí nacimos queremos la Paz. Y como pueblo ya hemos mandado varias señales, pero aún parece que los temerosos del cambio no las han entendido.
Porque el ciudadano de a pié que como yo trabaja para sostener su casa y educar a sus hijos, tiene más que entendido qué riesgo significa no alcanzar la paz, porque, de una u otra manera, el conflicto más viejo y más multipolar del mundo, como dicen los politólogos, nos ha afectado a todos, sea porque nos arrancó de nuestras localidades de origen, desapareció a los nuestros o puso en riesgo nuestra vida, aparte de la inestabilidad social que produce este antagonismo en cualquier sociedad.
Como sabiamente lo expresa la historiadora Diana Uribe “los procesos de paz son decisiones históricas, los pueblos llegan a la decisión de la paz, cuando están saturados de la guerra, cuando entienden la inutilidad de la guerra, cuando deciden cambiar el proyecto de la venganza por el proyecto del futuro”.
Sin paz no tenemos futuro. No tenemos posibilidad de soñar en algo mejor. Sin paz no tenemos, en términos concretos, la probabilidad de superar las causas históricas del conflicto, porque equivocadas, obsoletas o desafiantes las razones de la insurrección aún respiran en Colombia y tienen la cara de la inequidad, del elitismo, del centralismo.
Y cuando expreso esto no significa que aplauda lo que se convirtió el hacer de esas organizaciones, que hoy también buscan un futuro para ellas y sus integrantes, en un contexto cada vez más complejo y cambiante, y donde ya no tienen espacio.
Pero si expresó que existe el temor del cambio que va a significar la paz. Porque los mismos que han controlado la política de Colombia en los últimos 100 años tendrán que aceptar la emergencia de nuevas personas y grupos, habrá que plantearse nuevas y más incluyentes formas de hacer política y de integrarse para afrontar los retos de reunificar el país, en uno solo, a la luz de los diálogos y los acuerdos.
La disponibilidad del cambio camina por los senderos biodiversos de Colombia. Ya las madres no quieren venganza, sino nietos. Los niños quieren ser youtubers, astronautas y no combatientes y los periodistas como yo quieren reportar los resultados exitosos de las leyes que favorecerán el desarrollo de una economía productiva, próspera y viable, que creen empleo y bienestar.
Yo como colombiano quiero vivir ese cambio para tener futuro. Porque no conozco nada más que la violencia del conflicto y deseo participar, desde mi espacio y mis capacidades, en ese proceso de edificación de una Colombia más equitativa, con un imaginario propio y en la diversidad de su gente.
Y si la paz que pronto viene no sirve, estamos todos para exigir que mejore, porque esa no es decisión de los políticos, sino de los colombianos. Una paz imperfecta es superior a lo que vivimos.
Ojala que esa fuerza que tienen los enemigos de la paz para propiciar la polarización, la hubiesen tenido, como servidores públicos que son, para ir a ayudar a los niños wayuus, trabajar por la inequidad visible en cada calle de Colombia, mejorar su visión de país, que es muy muy pobre y no abandonar las sesiones que les han sido encomendadas por sus electores.
Definitivamente el miedo al cambio quiere entorpecer la decisión histórica de la paz del Pueblo de Colombia, porque hará más visible los problemas y las cuestiones que padecemos y, por ende, será una denuncia concreta de lo que no hemos hecho por nuestro país.
Luis Fernando García Forero. Director- Fundador de Ecos Políticos.
Por Mauricio Cabrera. Tomado de Vanguardia Liberal.- Cuando me recomendaron para leer en la pausa laboral de Semana Santa el libro de las memorias de Stefan Zweig, “El mundo de ayer”, me pareció interesante volver a este escritor de quien recordaba haber leído y disfrutado en la adolescencia sus relatos históricos.
Zweig fue un escritor y ensayista nacido en Viena en 1881, de gran fama en la primera mitad del siglo XX, de hecho hasta el comienzo de la II Guerra Mundial. Austriaco, judío, escritor, humanista y pacifista, según su propia descripción, sufrió la persecución nazi que no solo prohibió sus obras sino que, como cualquier procurador en ciernes, las quemó y literalmente las redujo a cenizas. Exiliado sin patria ni continente, peregrinó por varios países hasta terminar en Brasil donde apabullado ante “la derrota de la razón y el más enfervorizado triunfo de la brutalidad” se suicidó en 1942.
“El mundo de ayer”, es el retrato de un testigo de la historia de esos 60 años, donde se produjeron cambios que destruyeron un mundo y un modo de vivir.
Como es inevitable leer la historia del ayer con las inquietudes y preocupaciones del presente, uno de los temas que más me impactó de las Memorias fue el pacifismo militante de Zweig, enemigo declarado de la guerra, con las únicas armas de la pluma y la palabra.
Sus denuncias y críticas a los apóstoles de la guerra parecen escritas hoy para describir a quienes recurren a la mentira y la calumnia para alimentar odios y torpedear el camino del diálogo y la reconciliación.
Así describe Zweig a los “charlatanes de la guerra”: “era la pandilla de siempre, eterna a lo largo de los tiempos, que llamaba cobardes a los prudentes, débiles a los humanitarios, para luego no saber qué hacer, desconcertada a la hora de la catástrofe que ella misma irreflexivamente había provocado”.
En un siglo no han cambiado los métodos de esas pandillas: ayer como hoy creaban un “tremendo estado de sobrexcitación” en el que el peor rumor en seguida se convertía en verdad y la calumnia más absurda era creída a pie juntillas.
Desde esa época ya se utilizaba la “propaganda de guerra, la técnica de culpar a los enemigos de todas las crueldades imaginables”, apelando a las pasiones puesto que “no se puede armonizar la guerra con la razón y el sentimiento de justicia. La guerra exige entusiasmo por la causa propia y el odio al enemigo”.
Las consecuencias, dice Zweig, fueron catastróficas y “no se tardó mucho en ver el terrible daño que causaron con su apología de la guerra y sus orgías de odio”. ¿Cuánto nos demoraremos los colombianos en llegar a la misma conclusión?
Por Amylkar D. Acosta.- El inveterado centralismo en Colombia hunde sus raíces en la regeneración de Rafael Núñez en el siglo XIX, una vez derrotado el radicalismo liberal en memorable batalla en el curso de una de las tantas guerras civiles que asolaron a Colombia por aquellas calendas.
Como la historia la escriben los vencedores, a los radicales se le atribuyeron todas las desgracias que por aquella época condujeron al estancamiento de la desastrada economía y desembocaron en la patria boba. “La Constitución de 1863 ha dejado de existir, sus páginas manchadas han sido quemadas entre las llamas de la Humareda. Viva la nueva Constitución! ”, sentenció Núñez.
Y así pasó Colombia, abruptamente, de un régimen federal a otro centralizado, mediante una fórmula dicotómica: “la centralización política y la descentralización administrativa. Este fue el desenlace de la tensión que perduró desde los albores de la independencia entre dos corrientes ideológicas antagónicas, el federalismo y el centralismo y se resolvió a favor de este último.
La Constituyente de 1991 se convirtió en un hito de la mayor importancia para el país al atreverse no a reformar la centenaria Constitución de 1886 introduciéndole una enmienda más que se vendría a sumar a los remiendos anteriores, dejándola incólume, sino que la cambió de cuajo, dándole a Colombia una nueva Carta. Entre los avances más importantes de esta, además de consagrar como principio fundamental de la Constitución de Colombia el Estado Social de Derecho, fue el reconocimiento de la autonomíade sus entidades territoriales.
No obstante, transcurridos más de 20 años de expedida la nueva Constitución este es uno de los artículos que permanecen como letra muerta, en estado virginal, sin ningún desarrollo, empezando porque ni siquiera se ha podido avanzar un ápice en lo concerniente al ordenamiento territorial prescrito en la Carta Magna.
Después de muchos intentos para tramitar la Ley Orgánica de Ordenamiento Territorial, que por mandato de la Constituyente debía expedir el Congreso de la República, este malogró la oportunidad de hacerlo al expedir la Ley 1454 de 2011, al limitarse sólo a transcribir el preceptuado en la propia Constitución, cuando de lo que se trataba era de desarrollarlo. Esta sigue siendo una asignatura pendiente.
Este sigue siendo un país en el que prevalece el centralismo, que se resiste a desaparecer y ello se refleja claramente en el desbalance en cuanto a la captación y manejo de los recursos públicos, cada vez más concentrados en el Gobierno central en detrimento de los fiscos territoriales.
Es el caso de la estructura del régimen impositivo en el cual es preponderante el recaudo por parte de la Nación, lo cual se deriva del hecho que todas las reformas tributarias que se tramitan a través del Congreso están encaminadas a arbitrarle mayores recursos a la Nación, mientras ha faltado voluntad política, tanto de parte del Gobierno como del Congreso de la República, para impulsar y aprobar las distintas iniciativas presentadas por parte de los departamentos para fortalecer los ingresos de las entidades territoriales a través de una reforma tributaria territorial.
Definitivamente, tenemos que concluir que el mayor desequilibrio de poderes no es entre las ramas del Poder público, sino entre el poder arrollador y absorbente del Gobierno central y el poder territorial reducido a un capitis diminutio.
Firmado el Acuerdo en la Habana se impondrán muchas reformas, pero la principal de ellas es el reajuste institucional, pues la actual arquitectura institucional no es la más adecuada para construir la paz y que esta sea estable y duradera. Será menester acometer cambios en la forma de gobernar, de hacer política y en el relacionamiento del Estado y la política con los ciudadanos.
El columnista Francisco Gutiérrez Sanín dice algo muy cierto: “hay problemas muy serios en la configuración de nuestro sistema político y en la manera en que partidos y Estado se instalan en las regiones”.
Se impondrá, por fuerza de las circunstancias, un re-equilibrio de poderes, en donde las regiones tengan más poder, al tiempo que este se ejerza con mayor transparencia y probidad, pues, como bien lo ha dicho el general Naranjo “la corrupción es el peor enemigo de la paz”.
Bogotá, abril 2 de 2016
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Por Gabriel Ortíz.-La Medicina en Colombia está cada vez más manoseada, porque se ha convertido en el mejor de los negocios, desde cuando se aprobó la Ley Cien, con el vapor que en ese entonces le aplicó el senador Álvaro Uribe.
Ha llegado a insospechables niveles de deterioro y desprecio, que un profesional que era considerado como el abanderado de las familias colombianas, ha pasado a ser un simple operario, al que se utiliza como cedazo para llevar a los enfermos hacia los especialistas.
Los profesionales que conocemos como médicos generales, esos que se quemaron las pestañas durante muchos años y salen con ánimo, entereza y apostolado, a salvar vidas, a mejorar la calidad de la existencia de sus pacientes, se estrellan con los negociantes de la salud, que les dan tratamiento de segunda y los oprimen con irrisorios salarios, pésimas instalaciones y abusivos horarios.
Antes de que aparecieran centenares de especializaciones eran, los médicos generales, quienes atendían a los pacientes, les ordenaban exámenes, les practicaban los primeros auxilios, las primeras atenciones y les prescribían medicamentos, por costosos que ellos fueran. Pero los comerciantes de la salud les prohibieron ejercer su profesión, como se la inculcaron durante sus estudios. Estos abnegados servidores, son hoy, simples remitentes de pacientes hacia los especialistas. A duras penas les permiten utilizar el fonendoscopio, el termómetro y el baja lenguas. Cuidado con tomar un electro o una placa, por elementales que sean.
Esa la razón para que los pacientes tengan que esperar semanas y meses para ser atendidos por un especialista, ante una enfermedad que puede resolver con lujo, un médico general mal remunerado y despreciado.
Estos profesionales, eran los médicos de la familia, apreciados, respetados y queridos por la comunidad. Ingresaban al seno de los hogares en donde impartían consejos elementales que mejoraban la calidad de vida de las gentes.
Ese apoyo familiar desapareció por cuenta de los mercaderes de la salud y la falta de apoyo de un Estado que se ha afianzado en la Ley Cien, para garantizar monumentales utilidades a quienes hoy manejan ese lucrativo negocio. Solo manejan el signo pesos, poco les importa el ser humano. Entre tanto los médicos generales, seguirán siendo profesionales de segunda.
BLANCO: El merecido homenaje al expresidente Lleras con el billete de cien mil.
NEGRO: Increíble: las guerrillas –Farc y ELN- quieren la paz; los paras y la extrema derecha la guerra.
Por José Gregorio Hernández.-Por paradoja, la Semana Santa -tiempo destinado a sembrar y estimular en las conciencias el amor, la paz y la reconciliación entre los seres humanos-, este año estuvo marcada por la violencia.
Primero, los ataques terroristas perpetrados mediante bombas accionadas por fanáticos suicidas en Bruselas, causando al menos 32 muertos y más de 230 heridos. A ese respecto, y como reacción, el domingo de Resurrección, movimientos de extrema derecha sabotearon un homenaje público a las víctimas, llamando al odio contra el Islam y los refugiados, aunque ninguno de ellos es culpable de lo ocurrido: los refugiados son víctimas, que han salido de sus países huyendo de la violencia. Y la religión musulmana no es la responsable de la interpretación extrema que parte de sus creyentes ha hecho del Corán y de la doctrina de Mahoma.
Ese mismo día, en Lahore -Pakistán-, la acción de un terrorista suicida causó en un parque repleto de niños la muerte a 72 personas y heridas a otras 360.
En nuestra frontera con Venezuela fue baleado un dirigente político de ese país, al paso que en Colombia se desató la violencia contra miembros de la Policía Nacional -un agente muerto en Corinto (Cauca) en confusos hechos, y tres asesinados por sicarios en Cartagena-. Dos policías más fueron muertos en Nariño. Y, como ya es habitual, violencia sexual contra los niños: en un caso aberrante, una niña de apenas dos años fue violada por un pariente suyo, mientras otro criminal confesaba haber asesinado a una niña de 9 años en Villeta para vengarse de su abuela, sabiendo que los altos tribunales conceden beneficios penales a los violadores, so pretexto de derechos.
Para completar las paradojas, durante la Semana Santa murieron dos religiosos católicos a los que la Humanidad debe mucho: en Bogotá falleció a los 90 años el padre Javier de Nicoló, de origen italiano, quien rescató a miles de niños y jóvenes de la calle, la miseria, y el hambre, evitando que se convirtieran en delincuentes. Y el domingo de Pascua, la monja Rita Rizzo (92 años), más conocida como la Madre Angélica, fundadora de la Eternal Word Television Network (Red de Televisión de la Palabra Eterna), EWTN, murió en el monasterio rural donde vivía, cerca de Birmingham.
Mientras actuaban los enemigos de la Humanidad, se nos fueron para siempre seres amables, que dedicaron su vida al servicio de ella. Paradojas de la vida... y de la muerte.
Por Jairo Gómez.- Sorprende como, desde muchos sectores de opinión, personas con claros vínculos políticos y liderazgo en los partidos tradicionales, y el Centro Democrático, reaccionaron a la reunión del Secretario de Estado de los Estados Unidos, John Kerry, con los negociadores de las Farc en La Habana.
Las críticas y opiniones, en su mayoría, reflejaban la rabia y la impotencia que les provocó ver a un alto emisario de Washington sentado con una organización guerrillera que, quieran o no aceptarlo, ha sido transversal a la historia de Colombia en los últimos 60 años.
Pero no sólo las Farc. Estados Unidos, desde décadas atrás, es protagonista de excepción de la penosa realidad de los colombianos. Su incidencia ronda por las estrategias de guerra antisubversiva que se diseñaron en la Escuela de las Américas, amén de la formación de los militares por más de 50 años. El Plan Colombia, concebido en las oficinas oficiales de la capital estadounidense, inyectó más de diez mil millones de dólares a la “guerra civil”, como diría el carismático Obama. La política económica se alimenta de los designios del consenso de Washington; y siempre lo dijeron las Farc: en una salida negociada al conflicto armado colombiano deben estar “los gringos”. Entonces, ¿cuál es la molestia de los sectores tradicionales del país que han tenido y tuvieron en sus manos la posibilidad de resolver esta guerra y no fueron capaces?
Hablan de que el Presidente Obama se le “entregó al terrorismo”, y llegaron a la osadía de equiparar a las Farc con el Estado Islámico. Delirante argumento. Argumento que no corresponde a analistas sesudos, Políticos serios o a Partidos Políticos responsables. Qué livianos. En principio pensé que se trataba de un exceso desafortunado, una desagradable desviación del buen juicio de los seculares dirigentes y los bastiones de opinión. Pero no, así piensan y así lo expresan. Es increíble que la repulsa a un proceso de paz serio como el que se conduce en Cuba, los lleve a creer que aún nos paseamos en la guerra fría, en el macartismo, en la lucha contra el fantasma llamado comunismo.
Vale recordar que la diplomacia estadounidense es una de las más sofisticadas del mundo y su experiencia, centenaria por cierto, los ha llevado a sentarse a negociar la salida a conflictos que dejaron millones de muertos, crímenes de lesa humanidad de por medio, verbi gracia la Segunda Guerra Mundial para no ir tan lejos. En su oportunidad se sentaron a manteles Roosevelt, Stalin y Churchill, para definir una estrategia y derrotar la ambición expansionista nazi de Hitler. Hoy Obama, se sienta con Putin y Xi Jinping, de China, para desactivar otras guerras. Lo hace con Castro en Cuba, para cambiar el molde de las relaciones. En ese orden de ideas, pensar que Kerry fue a La Habana, se sentó con los dirigentes guerrilleros, estos lo convencieron y salió de ahí sin nada a cambio, es una solemne vaguedad.
Más allá de lo simbólico de la cita Kerry-Farc, y del reconocimiento que implícitamente se le hace a Las Farc, como actor político armado y beligerante; lo lamentable es preguntarse por qué si la democracia colombiana siempre ha contado con un Presidente elegido, un Congreso que representa al pueblo, un Poder Judicial independiente, instituciones de Control, unas Fuerzas Armadas y de Policía profesionales, un país de Leyes y Libertad de Expresión, no ha logrado superar el conflicto interno entre los colombianos. ¿Qué intereses oscuros impiden que Colombia no supere la guerra?
Por Carlos Villota Santacruz.-En la recta final de su segundo mandato, la visita a América Latina por parte del presidente de los Estados Unidos, Barack Obama no sólo causó un fuerte impacto político –casi un tsunami que se sentirá con mayor fuerza con el paso del tiempo-, sino que abrió una nueva era diplomática y comercial con Cuba. Para el Gobierno de La Habana, en cabeza de los hermanos Raúl y Fidel Castro tiene el desafío en lo que resta del 2016 de restablecer la democracia y de los derechos humanos (algo que en la práctica no será sencillo y fácil de percibir)
En el caso de Argentina, los resultados podrían traducirse a mediano y corto plazo. De entrada la Casa Blanca –en materia de política exterior-hizo un giro de 180 grados con respecto al kirchnerismo, que por 12 años rompió el diálogo con Washington. Sin duda por donde se le mire: tanto en La Habana como en Buenos Aires fue una visita histórica. Más de 80 años pasaron para que un presidente de los Estados Unidos pisara suelo cubano. Más al sur, pasaron 19 años para presenciar un cara a cara con el Jefe de Estado más poderoso del mundo.
Además, de este hecho geopolítico, queda en evidencia el papel que jugará el continente en los meses por venir en el planeta, sacudido por el atentado terrorista en Bruselas, la expectativa del resultado final del proceso de paz de Colombia entre el gobierno del presidente Juan Manuel Santos y la guerrilla de las Farc, tras no cumplirse la firma del Acuerdo Final el pasado 23 de marzo –fecha límite fijada por las partes en septiembre de 2015-
Un proceso de paz, que cuenta con el apoyo de la Organización de las Naciones Unidas y el Papa Francisco desde el Vaticano. Un punto fundamental, que facilitó la reunión entre el secretario de Estado de los Estados Unidos John Kerry y el equipo negociador de las Farc en La Habana. Un hecho impensado tres años atrás, cuando se inició el ciclo de conversaciones.
Para mal o para bien, la visita de Obama a América Latina no pasó inadvertida Se opacó un poco con el atentado terrorista de Bruselas. Sin embargo, la fuerza de sus palabras, la forma como se movió en cada uno de los escenarios, quedaron plasmados en los titulares de la prensa, de los medios de internet, en la cámara de tv, en la imágenes fotográficas, que recordarán que en el primer trimestre de 2016, se inició el camino para que el continente tenga el protagonismo que reclamaba por año. Un protagonismo, que no está sustentado solo en sus presidentes, sino en la de los ciudadanos. Gracias al poder de la comunicación de las redes sociales y la defensa de sus derechos políticos.
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